¿De qué hablamos cuando hablamos de TV?

(Apostillas a una cuestión no resuelta)

Por Prof. Jorge Gomez

La Televisión fue aquello que en módicas cuotas se ofrecía desde media mañana en general y hasta la medianoche como límite nocturno, en las pantallas bulbosas de los viejos televisores en blanco y negro y en los ligeramente más modernos, televisores color. Las programaciones de la TV eran de corte generalista (un poco de todo en el guiso audiovisual de los canales), y con franjas horarias donde se conjeturaba un cierto espectador (ama de casa de tal hora a tal hora, niños a tal otra, toda la familia en el horario prime, etc). Luego la televisión se especializó, con la irrupción del “Cable” en los ´80 y ´90 nos llegaron los canales de pelis, de médicos, de animales, de plantas y escritorios y otras ocurrencias por el estilo. Sin embargo seguía siendo televisión y el televisor era un televisor.

Al compás de los desarrollos de las tecnologías digitales, la tecnología electrónica (que no es lo mismo), fue incorporando sus avances hasta que llegado el momento actual todo parece ser digital y tal vez lo sea… Recuerdo cuando a un sandwich de pancho sellado era promocionado como un “pancho digital” en un kiosko de Plaza Constitución, si en verdad algo del aquel artefacto alimenticio era digital lo ignoro ya que el temor a la ingesta superó mi curiosidad. Las tecnologías digitales son el elemento absorbente en la actualidad como en otro momento lo fueron el vapor, la mecánica, la electricidad, la energía nuclear o la genética que parece compartir hoy el podio de “la punta” y afectaron muchos campos de manera decisiva y permanente, como el de la comunicación (y porque no advertirlo, el de la vigilancia).

La velocidad de procesamiento de datos primero permitió la digitalización de la información sonora, luego la visual y finalmente permitió crear canales alternativos de difusión audiovisual (streaming), de manera privilegiada a través de La Red. Esto último está corroyendo lo que usualmente entendíamos como televisión en el sentido convencional (y conservador), del término. Desde un punto de vista estrictamente técnico sigue siendo “televisión” o sea la transmisión a distancia de información audiovisual, pero en términos comunicacionales, los que nos hablan de quienes estamos siendo, la cuestión es otra.

Nuestras conductas comunicativas exploran y deciden que hacemos con la oferta tecnológica y no al revés. Sin entrar en ningún tipo de valoración podemos distinguir que nuestro consumo de material audiovisual se incrementó notablemente pero éste no parece provenir de la televisión corriente de aire, en sus dos sabores, analógica o digital, sino de las ofertas alternativas de streaming (tipo Video On Demand como Netflix o libre como Youtube y Vimeo). Incluso hay casos muy interesantes de consumo de series originales de la networks tradicionales que son consumidas a manera de “atracón audiovisual” a través del VOD y no esperando el funcionamiento episódico primitivo. Netflix reconoce que más del 60% de sus abonados practica este tipo de consumo.

El campo comunicativo del horario prime en nuestro país reposa en espectadores mayores (adultos y adultos mayores), en tanto los más jóvenes tienen su consumo más diversificado. Atendiendo a esto los televisores más recientes tienen conectividad, los llamados “smart”, y por lo tanto facilitan el consumo diverso del streaming, podemos advertir entonces que si bien aún la producción de contenidos se da mayormente en los canales de televisión tradicionales y sus convenios con productoras externas, este panorama productivo y por lo tanto laboral, se transformará al tiempo que nuestras conductas actuales se consoliden o se transformen en algo que aún no puede anticiparse.

“El futuro es la más lejana de las tierras”.

 

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